
Sería necesario escribir una enciclopedia completa para abarcar el trabajo del artista inglés Stanza; desde 1984 se encuentra en plena producción, su catálogo incluye más de cinco mil obras de distinta índole, por ejemplo instalaciones en la vía pública, robótica, net.art, fotografía, arte generativo y pintura. Es claro que la cantidad no hace a la calidad, pero este caso es una excepción: Stanza pasea cómodamente por distintas disciplinas, en especial las que están relacionadas con el avance tecnológico. Desde que egresó del Central Saint Martins Art College de Londres se especializó en informática y dispositivos interactivos, elementos que se mantienen presentes a lo largo de toda su trayectoria.
Sus últimas producciones -las de los últimos ocho años aproximadamente- están enfocadas hacia la captura de datos en espacios urbanos, tanto edificios, como plazas o calles al azar. Utilizando tecnologías de precisión, colecciona información que luego presenta en distintos formatos con la intención de representar la interacción constante e invisible que sucede en ámbitos cotidianos.
La instalación Sonicity (2010) es la búsqueda de convertir en sonido todos los factores que intervienen en un espacio determinado. Una serie de sensores inalámbricos se encarga de capturar cualquier modificación acústica, de temperatura, de luz, de humedad y de movimiento, hasta las más mínimas. Cada variación se transforma en un flujo de sonido, decodificado en tiempo real y emitido a través de 170 parlantes dispuestos estratégicamente a lo largo de una sala. De este modo, el artista explora la dimensión espacio-temporal de un sitio puntual parar crear un nuevo entorno -paralelo y concreto- de alta respuesta acústica, donde se incluye cada cambio y sus consecuencias.
Según Stanza, es una forma novedosa de exponer la interacción constante que existe en los espacios públicos y cómo esta interacción afecta a la socialización. El proyecto se vale de tecnologías de seguimiento medioambiental y sistemas capaces de almacenar enormes cantidades de datos. En total son más de 40 sensores que trabajan interconectados y en línea directa con un ordenador. El proceso de decodificación es complejo, trabaja sobre sintetizadores y software especialmente diseñados para analizar y convertir cada dato en un impulso sonoro.
Un concepto parecido, y claramente más ambicioso, ya había aplicado en Sensity (2004 – 2009), una obra de dimensiones monumentales que analiza datos recabados a lo largo de toda la ciudad de Londres. Podría decirse que este trabajo es una interfase dinámica de visualización convertida en una pieza audiovisual. Los sensores, repartidos en distintas zonas, transforman los comportamientos propios del entorno en bits que permiten comprender -e investigar- la estructura subyacente del espacio de una ciudad.
Este proceso a gran escala ofrece la posibilidad de interpretar -señala el artista- el mundo entero como una obra de arte en movimiento: la ciudad se transforma en un espejo de datos inmediatos y el medioambiente en una instalación de arte generativo. Las mediciones se realizan sobre indicadores de radiación, toxicidad, ruido, estrés y ansiedad. Sensity también fue desarrollada en París, Porto, Texas, Nueva York y San Pablo, entre otras ciudades. Se puede observar online el seguimiento de la ciudad de Londres pulsando [aquí]. Las cifras se pueden elegir de forma interactiva con los botones ubicados en el margen inferior.
También en la misma línea conceptual, Stanza desarrolló la instalación Capacities (2010) [Capacidades], donde la representación formal de los datos compilados se exponen en una maqueta realizada con insumos informáticos. Morfológicamente responde a una ciudad, cada componente -ventiladores, plaquetas, luces de led, altavoces miniatura, tornillos, etc.- tiene asignada una función para visualizar el comportamiento a nivel macro. El proceso y el funcionamiento es igual al descripto anteriormente, la diferencia es el montaje. Capacities se desarrolla en un cuarto oscuro, donde se aprecia con nitidez el juego de luces y sonido.
Una de sus obras más interesantes inició su desarrollo en 2005 y se calcula que continuará durante unos 104 años hasta su finalización. Lleva como título Open Source: code made from code made from blood represented by code [Open source: código realizado por código a partir de mi propia sangre, representado en código] y se sostiene sobre un concepto que cruza la genética con la generación de códigos binarios y la representación visual. El artista tomó una muestra de su propia sangre, de allí extrajo su ADN, el cual se representa en su totalidad a través de 3300 millones de letras, en una secuencia constante y cíclica, a razón de una letra por segundo.
Stanza señala que el reloj de ADN trabaja la idea de un sistema adentro de otro sistema. El reloj es un código de vida que representa el tiempo, igual que en la secuencia de ADN, que se extiende durante más de un siglo. Son formas de medir. Aun así, uno de los vértices principales del proyecto es hacer un negocio. Con la participación del público vía online -la secuencia del ADN del artista puede seguirse en dnaweb.html- el objetivo es armar una base de datos con cientos de miles de ADN de distintas personas para luego comercializarlas, pero sin perder el registro de propiedad, es decir, evitar la explotación de las corporaciones de la salud que utilizan el derecho de este código fuente para propia conveniencia.
Actualmente, el artista avanza por una línea de experimentación que toma a los espacios públicos, por ejemplo galerías de arte, como fuente principal de sus obras. Las exposiciones -dice Stanza- son sitios activos y de colaboración constante, participan curadores, artistas y los espectadores en paralelo con los avances tecnológicos. “El arte computacional es una forma de provocación cultural que rompe los límites disciplinarios y conduce a la aparición de espacios híbridos para la producción y la exhibición”, agrega.


























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