Es sólo cuestión de observar: el hecho artÃstico sucede en el cambio. El noruego Kristoffer Myskja trabaja el movimiento, sus esculturas, de evidente corte cinético, se nutren de la electrónica y de la mecánica, pero con tal precisión y sutileza que se las puede confundir con piezas de relojerÃa. Cada elemento está pulido hasta el mÃnimo detalle, no hay nada de más, su arte es profundamente racionalista, la estética se desprende principalmente de la funcionalidad. El significado, por su parte, también está delicadamente cuidado, Myskja habla de la compulsión social, de la inteligencia artificial, del medioambiente, de la velocidad y de la comunicación, entre otros tópicos. Utiliza los pequeños espacios en blanco; son piezas que se mueven, y que en el trayecto van generando un arco interpretativo decididamente actual.
Su último trabajo, titulado Giving back to the reservoir (2010), es un dispositivo mecánico en miniatura que moviliza agua de un punto a otro, ubicado en un terreno agreste. Mediante ramas, cuerdas, engranajes, poleas y unos baldecitos de plástico, montó este sistema que utiliza como impulso el movimiento mismo del agua. Parece un juguete, y en parte lo es, la intención es metafórica: Myskja hace referencia al trabajo continuo que es necesario para cuidar y mantener el medioambiente. No hacen falta grandes estructuras, es suficiente con unificar cientos y cientos de pequeños esfuerzos para lograr resultados. También plantea un desafÃo en el tiempo, los cambios tienen que llegar con tranquilidad y armonÃa. La desesperación no arrastra consecuencias favorables. La biologÃa tiene sus propios tiempos, entonces hay que intentar acercarse a esos parámetros.
En Interference machine (2009) incluye la variable del sonido, pero como resultado del movimiento. Se trata de una máquina que sostiene dos copas de cristal con agua; dos brazos metálicos, cubiertos en las puntas con trozos de algodón húmedo, tocan los bordes y generan la clásica vibración del vidrio. Un mecanismo de bombeo llena y vacÃa las copas alternadamente, los cambios se traducen en leves combinaciones de tonos. Cuando las dos ondas alcanzan la misma frecuencia, un tercer tono aparece para producir una interferencia. Cuando los tonos principales se alejan, la interferencia se hace más rápida y violenta. No hay una búsqueda conceptual en esta pieza, sino una recreación sonora que se sostiene en el impulso cinético. El motor que mueve el mecanismo es convencional, trabaja con una bobina simple. La clave está en el ruido que genera, son vibraciones entrelazadas que fluctúan azarosamente.
Probablemente, su máxima creación sea Rule 30 (2008), basada en el comportamiento de un autómata celular, un modelo matemático para un sistema dinámico que evoluciona en pasos discretos y se utiliza para conformar una colección masiva de objetos simples que interactúan localmente unos con otros. Es la copia de un modelo natural y uno de los pilares del desarrollo de la vida artificial. El hallazgo de Myskja con esta obra es haber construido un autómata celular completamente mecánico, al punto de convertirlo en una escultura cinética. Rule 30 perfora con notable lentitud un papel kraft enrollado en un cabezal, avanza aleatoriamente a partir de reglas muy sencillas, pero el patrón de agujeros que produce es increÃblemente complejo.
Todos los elementos mecánicos que hacen funcionar a la obra está a la vista. Las normas del autómata se basan en el estado de una célula individual en relación con su propio estado y el de los elementos que le rodean. En este caso, hay tres células en lÃnea, ubicadas encima del cabezal, que determinan si se perforará o no. Su actividad, de velocidad variable, es aperiódica y caótica. (Puede verse un video de la obra en movimiento en la página del artista).
Smoking Machine (2007) revisa la compulsión social de consumir tabaco. Es una pieza un tanto obvia pero de gran impacto visual: un mecanismo que prende un cigarrillo, lo fuma completo, tira la colilla, prende otro, lo fuma completo y asà sucesivamente. El artista critica el sinsentido y la irracionalidad de este acto. Lo que es impecable es la precisión de los movimientos, desde el momento en que ordena los cigarrillos en la guÃa hasta en la forma en que fuma a través de un émbolo metálico. Todo está meticulosamente calculado.
Por último, vale la pena recordar una ingeniosa escultura del año 2006, Machine that uses a thousand years to shut itself down [Máquina que necesita 1000 años para apagarase]. Casi como una burla a los principios de la termodinámica, Myskja desarrolló este aparto que funciona sin razón aparente. El combustible es la luz, unos sensores decodifican la exposición lumÃnica y la transforma en un impulso que mueve una serie de ruedas dentadas que de muy de a poco se van acelerando. Es exponencial. Es un mecanismo completamente transparente, sin secretos para el espectador.
El trabajo de este artista noruego es una propuesta de lectura tecnológica por fuera del advenimiento digital. Ubica al espectador en un lugar de conciencia y reflexión sobre la importancia y el rol que cumplen las máquinas en el mundo contemporáneo. Su existencia silenciosa.
























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