Promover la discusión sobre el futuro de las energías de uso doméstico es lo mismo que clavar un alfiler en la columna vertebral de la economía. No es casual que los gobiernos de las principales potencias del mundo estén apuntando sus estrategias productivas hacia esa dirección. Los hidrocarburos están ingresando en su última etapa, es momento de buscar un reemplazo. O reemplazos. Varios. El artista inglés Elliot P. Montgomery se ocupa en sus obras de alertar a los espectadores sobre la responsabilidad de esta búsqueda y de hacer visible el impacto medioambiental que arrastra el uso de los combustibles fósiles.
A fines de 2010, por ejemplo, realizó una performance simple titulada Vehicular acoustic Monitoring, para la cual salió a las calles de Londres con un cuerno acústico gigante y se paró en las esquinas más ruidosas para registrar el sonido. Su intención, ficticia por supuesto, es grabar el sonido actual para instalar dentro de treinta años, cuando el mercado ya esté decididamente volcado hacia los vehículos eléctricos, un dispositivo que exhiba cómo sonaban las calles con los motores de combustión interna. Montgomery se vistió como un inspector de tránsito, muy llamativamente, para que la gente le pregunte qué es lo que estaba haciendo.
Una pieza interesante es Electricity Source Meter (2010), un dispositivo que exhibe con total claridad cómo está conformada la electricidad que se consume en los hogares: qué porcentaje tiene de energía eólica, nuclear, hidrocarburos, solar, etc. Está integrado por una pantalla de leds y un sistema que mide proporcionalmente las distintas fuentes de alimentación. La idea es que los consumidores vean explícitamente cuál es el origen del flujo de uso cotidiano. Este aparato, señala Montgomery, se adelanta a un futuro próximo, cuando los usuarios comunes tengan total conciencia de qué, cómo y por qué consumen energía. “Estoy convencido de que podríamos pensar de forma diferente acerca de la electricidad que usamos si pudiésemos ver de dónde proviene”, agrega.
Montgomery también se pregunta sobre la repercusión inmediata que tendrá el cambio climático en la salud mental de los habitantes del planeta tierra. De acuerdo con estudios recientes, que en parte sirvieron como puntapié inicial al proyecto, el impacto será negativo, especialmente por los brotes de ansiedad y la proliferación de enfermedades infecciosas. La propuesta del artista para esta realidad hipotética es Symbiotic Households (2010), una nueva lógica en el funcionamiento de los hogares, donde el ser humano puede vivir en una simbiosis permanente con organismos genéticamente modificados. Por el momento, realizó un prototipo en pequeño formato. La idea es ampliarlo a dimensiones habitables y darle uso familiar.
El microentorno que desarrolló Montgomery se basa en el comportamientos de insectos capaces de alertar sobre las condiciones meteorológicas -ozono, temperatura, rayos UV, etc.- y de proporcionar suplementos nutritivos que por el precio y la escasez de producción se volverán prohibitivos. También de vegetales que permitirán su reproducción. El sistema se regula con los mismos cambios climáticos. A primera vista parece ciencia ficción, pero el artista está encaminando sus investigaciones hacia buen puerto. “Es cierto que la manipulación genética se encuentra en su infancia, pero ya ofrece la posibilidad de combinar los rasgos de distintos organismos. Ya se logró crear un conejo verde fluorescente y cambiarle el aroma a las bacterias. Mi propuesta está más cerca de lo que algunos imaginan. Según los biólogos sintéticos, este tipo de insectos serán moneda frecuente en un futuro no muy lejano”, comenta.
Para Voices of keystrokes (2009) creó un aparato que escribe una carta en base al reconocimiento de la voz, y copia la letra manuscrita del usuario. Es decir, una persona habla y la máquina escribe con un bolígrafo. La primera vez que se utilizó fue a principios de 2010 para escribir textos dirigidos a la Climate Protection Secretary of State, en contra de la instalación de diez plantas nucleares en el Reino Unido. Montgomery se cuestiona si es posible impregnar en un mensaje digital la personalidad, las emociones y la gravedad de un texto escrito a mano. “¿Podría este sistema utilizarse como una herramienta atractiva en la comunicación? ¿Lo cultural se pierde o corre el riesgo de dejar de lado la sutileza de lo artesanal?”, pregunta el artista. La propuesta de Voices…, a decir verdad, no tiene demasiada fuerza y es contradictoria conceptualmente con lo que se propone. Poco interesan los detalles de manufacturación de un texto al momento de evaluar su carga emocional.
Una obra simpática y bien resuelta es The MicroCycle Project (2008), una estación de fabricación de bolsas de supermercado que se alimenta con energía solar, instalada en pleno centro de distintas ciudades, entre ellas Nueva York. Con desechos que provienen de fábricas de indumentaria, Montgomery junto a otros colaboradores, cosen bolsas de tela que luego regalan. Lo que se intenta demostrar es que la fabricación frente al público, la conexión con los materiales y el mensaje visual ayudan a que la gente utilice sus propias bolsas para hacer compras. De este modo se reduce la utilización indiscriminada de plástico y papel.

















¿Qué opinas?
Ir al formulario | RSS de los comentarios