La pregunta está relacionada con la vida: qué, por qué, para qué. Explorar los límites de la biología no significa únicamente estar a la moda con las últimas tendencias artísticas, también implica desmenuzar conceptos filosóficos y ponerlos en crisis, alumbrar metodologías propias de la ciencia y llevarlas hacia nuevos horizontes, y redefinir la interacción del arte con la sociedad. Los siguientes cinco artistas han desarrollado obras que se valen de conocimientos biológicos, oscilan desde la botánica hasta el comportamiento cerebral en la construcción de una idea contemporánea.
David Benqué
Parece una escena de cuento. Este artista inglés está trabajando en Acoustic Botany (2010), un proyecto que tiene como objetivo crear un bosque de plantas manipuladas genéticamente que sean capaces de generar música. Benqué busca un jardín acústico que modifique su carácter fonético a lo largo de las estaciones, para anticipar un futuro próximo donde los adelantos en genética no sean únicamente utilizados para abordar cuestiones relacionadas con la salud, alimentos o medioambiente, sino también para extender la edad y satisfacer deseos estéticos. Se propone explorar las relaciones culturales con la naturaleza y cuestionar su devenir en la era de la biología sintética.
El bosque va a estar poblado por distintas especies. El fruto String-Nut tiene una cáscara hueca, perforada, que actúa como caja de resonancia de los sonidos de masticación y estridulación de los insectos. Mediante experiencias en laboratorio, el artista está trabajando los tamaños, así variar las notas y las combinaciones musicales posibles. Otro ejemplo es el Agrobacterium modificado, capaz de digerir azúcares y nutrientes para generar en su interior parásitos que producen gas. Cuando la presión del gas aumenta, el fruto lo exhala a través de los estomas [los poros de los vegetales] y se se producen silbidos. El tamaño de los estomas regula la intensidad y la frecuencia de los sonidos generados. El Giant Speaker Lilly, otra especie, está inspirada en una flor real que captura insectos y los cubre de polen hasta matarlos. Benqué amplifica mediante membranas naturales las vibraciones que se producen dentro de la flor al momento de la captura.
Zbigniew Oksiuta
La obra de Oksiuta investiga las posibilidades de crear un nuevo hábitat biológico, que se adapte orgánicamente a condiciones tanto dentro de la biosfera como en el espacio exterior. Plantea la vida en circunstancias de inestabilidad, por ejemplo convertir un vegetal en un espacio aislado que se transforma y sintetiza orgánicamente la materia y la energía de su entorno. Los materiales con los que trabaja son mayoritariamente algas y gelatina.
En Plasmalemma – underwater habitat [Plasmalemma – Hábitat Submarino] explora la posibilidad de que el humano se desarrolle bajo el agua, para eso creó un objeto a partir de polímeros biológicos y líquidos neutros que permite generar oxígeno directamente desde el agua para poder respirar, y al mismo tiempo producir energía y ofrecer capacidad de transporte. Las primeras experiencias relacionadas con este objeto fueron desarrolladas por la NASA a fines de la década de 1960, la intención era concebir una ciudad submarina completa. Muchos de los datos que actualmente arrojan las experiencias de Oksiuta se utilizan en medicina para el tratamiento de las vías respiratorias.
House as bioreactor [La casa como bioreactor] desliza la posibilidad de estirar una célula a un tamaño macroestructural para convertirla en un espacio habitable. Oksiuta explica que una célula no funciona mecánicamente sino como una fábrica de productos químicos, justamente estas correlaciones de retroalimentación dinámica con el entorno producen y gestionan los procesos necesarios para que viva. Su idea es que la energía del sol active la información incluida en los compartimientos establecidos en las gotas de protoplasma y comenzar la autorganización de distintos procesos biológicos, de allí extraer alimentos, herramientas y energía.
Antony Hall
Por un lado es integrante de Owl Project, un colectivo artístico que trabaja con el sonido. A nivel personal, Hall es investigador en medicina biodigital. Una de las consecuencias de ese trabajo es Enki, un sistema que utiliza la información bioeléctrica de un pez para activar las ondas cerebrales humanas. El funcionamiento es similar al de los sistemas de relajación electrónicos, con la diferencia que los pulsos de luz llegan desde un animal vivo y no de un chip convencional. El artista señala que experimentar con las ondas cerebrales es una aventura muy delicada, donde no hay que perder de vista a ninguno de los actores implicados. La idea central es llegar a entablar una comunicación con los peces, absorber sentido de su señales. Por el momento, los resultados no han sido completamente satisfactorios, especialmente porque es muy complicado hacer las mediciones con precisión.
En la misma línea, el artista explora el mundo microscópico y realiza experiencias con la intención de crear vida a partir del crecimiento de cristales eléctricos de piedra volcánica, tardígrados y regeneraciones planarias. En muchas ocasiones ha pensado alejarse del arte, pero siempre regresa. “A menudo, la ficción te dice mucho acerca de la comprensión popular de la ciencia en la actualidad. Hoy me parece más importante buscar esas explicaciones a través de trabajos de investigación artística contemporánea que en la misma ciencia”, argumenta.
Guy Ben-Ary, Philip Gamblen y Steve Potter
Estos tres artistas europeos son los autores de Silent Barrage (2009) [Bombardeo silencioso] una obra que en la búsqueda de interactividad va más allá de la inteligencia artificial y se sumerge directamente en la manipulación de un cerebro biológico. Se trata de un punto de encuentro entre la neurobiología y el arte que modifica las nociones convencionales de percepción sensorial y su relación entre microcomponentes biológicos y microactividades cinéticas.
El cerebro consiste en una red de neuronas de embriones de rata cultivadas en placas de Petri; los estímulos que recibe del entorno afectan directamente al tejido nervioso de las neuronas, esa actividad frenética genera información que decodifica el cuerpo de la obra: treinta y seis postes robóticos, conectados al cerebro por vía telemática, que expresan en marcas y dibujos los impulsos recibidos.
Los pilares se distribuyen en forma simétrica. Los espectadores caminan libremente, charlan, hacen comentarios. Cada uno de esos estímulos es transmitido a los robots, que reaccionan con la información neuronal moviendo anillos mecánicos colocados alrededor de cada pilar. La altura y la velocidad de los movimientos están determinadas por la intensidad de los estímulos, el cerebro se ejercita o se relaja dependiendo del área de la red neuronal a la que fue dirigida la orden. Algo sorprendente es que el sistema archiva cada una de las respuestas neuronales en Internet para ganar autonomía y evitar repeticiones en las secuencias.
Tuur Van Balen
Depende cómo se analice, la obra de Van Balen puede parecer una ametralladora de delirios o una verdadera revolución en la interpretación de la tecnología. Por ejemplo, para Pigeon d’Or (2010) [Paloma de oro] estudió el comportamiento de las palomas en el entorno urbano con la intención de convertirlas en una plataforma e interfaz para la biología sintética. La idea es transformar sus desechos fecales, tan abundantes, en jabón. Junto a un equipo de especialistas diseñó una bacteria que estas aves ingieren y les cambia el metabolismo. El proceso, está comprobado, es completamente inofensivo.
El proyecto está integrado por dos objetos. El primero es un dispositivo que le permite a las palomas integrarse a la arquitectura de una casa, se ubica en la ventana y está diseñado para alimentarlas. También facilita la desinfección. El segundo artefacto es una interfaz para el techo de los automóviles, donde es común encontrar desechos de paloma. La intención, apunta el artista, es estudiar la ciudad como un metabolismo complejo en el que la especie humana es la más pequeña de las fracciones. Sin embargo, intrínsecamente, está vinculada a un bordado orgánico que muchas veces va más allá de lo racionalizable. Ese tejido es el horizonte de la biotecnología, según su punto de vista.































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