
La referencia inmediata es Philip K. Dick y su novela editada en 1968. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, preguntó el escritor antes de sumergirse en un oscuro universo cyberpunk donde la tecnología es blanco de agudas críticas. El artista canadiense Ben Bogart intenta, cuarenta años después, deslizar una respuesta. Su serie Dreaming Machine (2008 – 2009) analiza la construcción de los sueños desde una óptica tecnológica. En base a la percepción del entorno, algoritmos evolutivos, la teoría del caos y un desarrollo improvisado de software, crea contenidos que se expresan en gramática audiovisual. Y, fundamentalmente, se sumergen en los complejos interlineados de la creatividad.
El artista señala que los sueños surgen de la interacción entre el cuerpo, la mente, la memoria y las experiencias. Dreaming…, cámara mediante, examina su contexto visual durante el día, captura imágenes y las selecciona mediante libre asociación (siempre parte de un criterio que se forma sobre su propia experiencia). Por la noche, recorta y edita el material en tiempo real para exhibirlo. El sistema se vale de la inteligencia artificial y de un modelo cognitivo que emula el comportamiento de la memoria. El trabajo final combina los dos procesos. En primer lugar, ambos sistemas utilizan una red neuronal artificial -un mapa de autoorganización- para integrar y estructurar la experiencia sensorial visual. En segundo término, trabaja la creatividad sobre la libre asociación. Los elementos capturados se seleccionan mediante un modelo de propagación similar al de un autómata celular.
Dreaming machine #1, el primer ejemplar de la serie, toma imágenes de la vía pública y las muestra en la misma vía pública. La edición es un compendio de fragmentos de video -como un collage dinámico- que expone en un orden caótico pero concreto todo lo que pasó por delante de la cámara. Por su parte, Dreaming machine #2 trabaja en interiores, puntualmente en contextos rodeados de vegetación y con cámaras de alta definición. Los resultados se presentan en pantallas lcd de 52” dispersas por distintos lugares de la galería y los exteriores.
Los videos se pueden descargar libremente desde la web oficial, tanto los del Dreaming machine #1 como los de Dreaming machine #2. Las instalaciones, en los últimos dos años, recorrieron con gran repercusión espacios artísticos de Hong Kong, Canadá y San Pablo.
La serie -desde el punto de vista conceptual- tiene enlaces profundos con la psicología y con la estructura propia de lo que puede denominarse como creatividad. Tal vez a primera vista parecen obras simples, que no difieren demasiado de otras que también aprovechan el potencial de la inteligencia artificial, sin embargo, el trabajo realizado es muy rico en ideas. Bogart, en una entrevista publicada en la revista digital Vague Terrain, explica que el punto central es la Metacreación, desde donde intenta diseñar sistemas que exhiban un comportamiento creativo, pero sin entender la idea de creatividad como un absoluto, sino ir en busca del origen, de la semilla, de algo que podría llegar a ser.
De acuerdo con los lineamientos propuestos por Liane Gabora [profesora en Psicología y Ciencias de la computación], las experiencias de un agente se dividen en microcaracterísticas y se codifican en la memoria. La visión del mundo es una colección de recuerdos organizados. La creatividad, entonces, es una asociación a través de este campo de recuerdos, los componentes de las experiencias anteriores se combinan para formar nuevas yuxtaposiciones. El pensamiento racional-creativo funciona en los extremos. Las asociaciones racionales implican la activación de recuerdos en direcciones puntuales, mientras que las asociaciones creativas activan los recuerdos en direcciones impredecibles.
“Mis Máquinas de sueños incorporan explícitamente estos modelos orientados a la generación del concepto, la percepción, la memoria y el sueño. Son una forma de poner a prueba las teorías de la creatividad, y podrían ser utilizadas para validar determinados modelos de procesamiento cognitivo. No estoy interesado en utilizar el arte para validar la ciencia, sí me interesa la conexión entre las dos áreas. Creo que la ciencia es sólo una de las tantas prácticas culturales”, asegura el artista.
Según Bogart el uso de los modelos científicos permite una mejor comprensión de la ciencia, y al mismo tiempo una mejor comprensión de los creadores. Explícitamente, define la creatividad como la construcción de una idea o un objeto que es nuevo, sorprendente y valioso. Allí ingresa el concepto central de ambas Dreaming Machines: un mecanismo que azarosamente crea una variación y luego se edita en un proceso secundario. Casi cualquier proceso puede crear grandes cantidades de variaciones aleatorias, de este modo, el proceso de evaluación se ubica como un eje clave.
La inteligencia queda planteada, artística y filosóficamente, como una propiedad emergente que surge de la interacción entre un agente y su entorno. Es decir, para que algo sea creado deben existir previamente capacidades que permitan evaluar. Bogart rechaza la noción de inteligencia racional, da varios pasos más. “Hago hincapié en el origen, que bien podría ser considerado irracional, debido a una posible falta de evaluación. Las opciones no aparecen por una razón explícita, podría ser al azar, podrían ser ininteligibles y podrían ser locura. La evaluación, por otra parte, es muy racional. En términos de Boden, se trata de saber lo que ha sucedido antes para juzgar la novedad, lo que es normal para juzgar la sorpresa, y lo que se necesita para juzgar el valor”, agrega.
Las Dreaming Machines empujan la idea de creatividad como una función de la totalidad de la mente, que al mismo tiempo obedece a lo informado por la totalidad de la experiencia de una persona física en el mundo. Entonces, para que una máquina pueda ser creativa de forma significativa sería necesario tener una base emocional que impulse un proceso irracional. “Ahora estamos de vuelta al problema de origen. Una de las teorías de la emoción humana tiene sus raíces en las necesidades biológicas. Como una máquina no está biológicamente viva, no es claro cuáles serían estas necesidades. Las máquinas no están diseñadas para sobrevivir, al menos no en la escala que los seres vivos lo hacen”, concluye.

























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